lunes, 29 de septiembre de 2008

Alfred Hitchcock: sobre ser miembro de su club

Es importante para comenzar, decir que ser miembro del club de Alfred requiere sus cosas. Quedarte sin palabras después de presenciar alguna técnica de cámara, reconocer que no hay algo igual sobre la tierra cinéfila, reconocer también que “el Gordo” como le dice una amiga fue realmente un innovador, hacer todo lo que esté a tu alcance por conseguir una copia de alguno de sus films, quedarte hasta tarde esperando a que por TCM, Retro o Cinecanal Classics den alguno de sus films y que esto sea consecuencia de haberlo marcado primero con un gran círculo o flecha roja en tu revistita del cable, soportar que gente de tu familia, novios u amigos te digan "¿Alguien más que vos ve esto?", quedarte leyendo anonadado cualquier comentario, frase, párrafo biográfico, descripción de una técnica o crítica de sus films que se encuentre en la gran red.
Se necesitan estas y muchas más condiciones. Cualquier mortal ávido de pertenecer debe también comprar o conseguir de alguna manera la “pequeña biblia ilustrada” por el señor François Truffaut. Sin ella no se puede seguir con el rito, es una pieza casi fundamental que guiará al lector por el mundo del pensamiento hitchcockiano. Es de lectura rápida, porque el interés que genera y la ironía del gordo a la hora de emitir palabra lo hacen una presa de lectura similar a un sándwich de queso roquefort o parmesano.



Aunque, seamos francos, nadie puede formar parte, be part of it, sin antes pasar por el bautismo alfrediano: Psicosis. Para los que, como la que escribe, nacieron lamentablemente en los 80, 0 90 o aún 70, la película inicial debe haber sido Psicosis. Muy pocos empiezan el laberinto por otro lado. Recuerdo que era un poco incrédula de su genialidad, de su mito, hasta que Psycho llegó a mis manos y nunca más pude separarme del Maestro. Después vendrían (en orden en que las ví): La ventana indiscreta, Vértigo, North by Northwest (my preferida), La soga, Extraños en un tren, Los pájaros, Cortina Rasgada, Dial M for murder, Sabotaje, La sombra de una duda, Pero quien mató a Harry, Notorious, Marnie la ladrona, Frenesí, Sospecha, El hombre que sabía demasiado y Rebecca.
Esta última, la única que la Academia maldita le premió, es una gema, una real masterpiece. En ella, hace su presentación una actriz grandiosa como Joan Fontaine, en un papel que casi repite en "Sospecha", el de chica tímida, sumisa, que descubre un mundo oscuro después de casarse con el viudo Maxim de Winter (Laurence Oliver). En esta obra Hitch trabaja de manera sublime las sombras, los picados y los travellings hacia atrás, algo que le sale mejor que nadie. Sólo él logra que uno realmente llegue a odiar a los personajes (cómo al Tío Charlie en "La Sombra de una duda" y a Bruno en "Extraños en un tren") al punto de querer traspasar la pantalla y golpearlos (préstenle atención a Mrs. Danvers, ama de llaves de la mansión De Winter, que detesta a la pobre nueva esposa… realmente la odié).


No sé si fue este fin de semana lluvioso o mi necesidad de puntos de fuga, pero he visto las últimas tres en dos días, y espero ansiosa Family Plot (sú última peli) esta noche. Es que este hombre ha producido en los espectadores una verdadera adicción, uno se siente tan inmensamente atraído que no puede dejar de ver los films casi compulsivamente. Será acaso porque revive en cada uno esas fantasías tenebrosas de la niñez, de pensar que alguien se esconde, o presumir algo “sobre otro”. Quizás la clave esté en su construcción narrativa, en cómo crea suspenso con cosas tan simples, un hecho inédito en la actualidad (ya hice catarsis con este aspecto).
Cada vez que uno contempla esos magistrales movimientos de cámara, no puede hacer más que pensar “God bless Alfred”. Es impresionante cómo detrás de ese gordis (es imposible ser objetiva con Hitch), detrás de ese niño grande inglés, se esconde tanta magia, tanta gratitud, que incluso a 28 años de su muerte y tantísimos más de sus films, nos siga afectando, cautivando.
Ya finalizando, dejo esta frase de Truffaut en el Prólogo de El cine según Hitchcock: “El hombre había muerto, pero no el cineasta, porque sus películas, realizadas con un cuidado extraordinario, una pasión exclusiva, una emotividad extrema enmascarada por una maestría técnica poco frecuente, no dejarían de circular, difundidas por todo el mundo, rivalizando con las producciones nuevas, desafiando el paso del tiempo, comprobando la imagen de Jean Cocteau cuando habla de Proust: Su obra continuaba viviendo como los relojes de pulsera en los soldados muertos”.



GGss

sábado, 27 de septiembre de 2008

Se fue otra pieza...

“Lo atractivo se va achicando y la belleza se desvanece, pero estar casada con un hombre que te hace reír cada día, eso sí que es un verdadero placer”
Joanne Woodward

Qué se puede decir cuando un sábado caluroso y soleado se nubla de golpe con esta mala noticia. Qué decir cuando una vez más el cine se queda sin un personaje entrañable. Qué decir cuando otra vez me encuentro escribiendo un homenaje, digamos que mi homenaje a uno de mis amores platónicos, a uno de esos amores que me dio el cine, responsable de que tantas veces haya querido nacer en la década del veinte…y no en los ochenta.
El es Paul Newman.


Cómo hacer para seguir teniendo esperanzas cuando en esta industria, en este arte, como en la vida misma, los mejores se van antes, generándonos una sensación de vacío. Porque, aunque el cine siga estando, aunque las películas se repitan, aunque sean fotogramas repetidos e inmortales, hay presencias que se sienten más allá.
Seguramente los medios contarán de su larga carrera, de su gusto por el automovilismo y su ser bondadoso, de sus tantas nominaciones al Oscar que ganó sólo en una oportunidad (si algo se aprende en el “oficio” de mirar películas y amar al cine, es que nunca hay que dejarse llevar por las elecciones de la Academia…nunca ganan los que se lo merecen). Pero hay otras cosas que me interesa destacar.
Fue un gran defensor de causas perdidas, ayudó incansablemente, aportó una playa entera de granos de arena. Fundó en memoria de su hijo la “Fundación Scott Newman”, destinada a ayudar a adictos a las drogas, además de los campamentos de verano “Hole in the Wall Camp”, para niños con enfermedades graves, donde utilizan la diversión y la sonrisa como medicina. Desde que comenzó con esta actividad más de 114.000 niños pasaron por allí. También creó la línea de alimentos ecológicos “Newman’s Own” cuyos fondos se destinan enteramente a obras de caridad.
Aún en un mundo tan degradado, descartable y desagradable como el del Hollywood, mantuvo a su familia como valor supremo, así vivió y así elegió morir: rodeado de ellos. En un capítulo de Friends recuerdo que Chandler (mi preferido), al escaparse horas antes de casarse con Mónica, dice como argumento en contra del matrimonio: “La única persona que hace que el matrimonio funcione es Paul Newman, y yo me conozco…no soy Paul Newman”. Además de esos ojos azules que marcaron una historia, quizás siempre lo adoré por ese gran don que muy pocos logran, y que es estar tanto tiempo con la misma persona (más de 50 años de matrimonio), comprometerse por eso y afrontar lo bueno y lo malo. Muy pocos lo han logrado en el mundo del cine… Fellini, Hitchcock y Paul… son lo que recuerdo. No es casualidad que mi aprecio por ellos se engrandezca y los engrandezca. Puede parecer cursilería barata o puritanismo, ya que muchos afirman que el ser humano es poligámico por naturaleza, puede que sea cierto, pero aún así aprecio muchísimo a alguien que puede llegar a construir un lazo tan fuerte con la otra persona. La misma Joanne Woodward, su compañera y amor de su vida, fue quien acompañó de la mano a Paul en su última salida del hospital...su vida comenzaba a apagarse, pero no su amor.


Por eso, mi querido Paul Ojitos Azules Newman, como ya tantos otros personajes, piezas de rompecabezas de este mundo alucinante que es el cine, como Humphrey, Glenn Ford, William Holden, como todos esos “galanes” que hacen que elija el cine más viejito, que me ponen en el ojo de la tormenta a la hora de enfrentar las cargadas habituales, pero que me hacen tan feliz, quiero decirte que siempre formarás una parte de mi diégesis.

Lo que siempre pienso en estos momentos, y que es una especie de “auto-tranquilización” al miedo a la muerte que nos atraviesa a todos (por algo me encanta el cine de Woody), es que, si existe un “más allá”, sea arriba o abajo, rodeado de flores y arroyitos, o con plantaciones de espinas, claro u oscuro, de día o de noche, o todo eso junto o la nada, sólo espero que llegado ese momento me encuentre con todos ustedes para hablar de tantas cosas que ahora nos les puedo preguntar. Sé que en algún lugar hablaremos mucho de cine, quizás algunos quieran descansar…de lo que estoy segura es de que en lo que a mí respecta, nunca me voy a cansar del cine.

GGss

martes, 23 de septiembre de 2008

Mamma Mia... How can I resist you?

¿Qué sale de unir una isla griega, Meryl Streep, Colin Firth y Pierce Brosnan y la música de ABBA?

Nada menos que "Mamma Mía", la película que logró plasmar las canciones que cualquier mortal reconocerá con sólo escuchar una estrofa y la participación de un grupo de actores que no sólo suman talento sino belleza a la trama.

Sophie (Amanda Seyfried) es una veinteañera a punto de casarse que vive en una isla griega junto a su madre Donna (Meryl Streep). Ella quiere conocer a su padre antes de dar el sí, razón por la cual envía invitaciones a los tres candidatos que ella cree pueden llegar a serlo, después de encontrar el diario intimo de su madre. Por su parte Donna, ignorando la situación, invita a sus dos mejores amigas Rosie y Tanya, con quienes integrara alguna vez la banda “Donna and the Dynamos”. Todos ellos se encontrarán en el hotel de Donna en la edénica isla de Skopelos, dando así comienzo a una ola de encuentros, desencuentros y locura.


Esta película realiza durante 108 minutos el postulado de Billy Wilder de que el cine debe hacernos dejar lo cotidiano afuera. Uno no puede más que instalarse como espectador en esa hermosa isla, con sus infinitas playas pedregosas, su mar cristalino y calmo, sus casas en alto y sus habitantes llenos de esa alegría picaresca que los caracteriza.

Hablando de picardía, un párrafo aparte merecen los actores interpretando las canciones de ABBA, realmente se animaron a algo riesgoso y no decepcionaron. Pierce Brosnan demuestra que puede ser más que el agente 007, Colin Firth sale de su rol habitual de “Señorito Inglés” y nos brinda la performance más cómica de todas, Julie Walters y Christine Baransky como las amigas de Donna están insuperables, Amanda Seyfried confirma que asistió a clases de ópera con una coach de Broadway, y Stellan Skarsgård no defrauda. Pero sin duda la “singing” y “dancing queen” es Meryl Streep. Obvio que uno ya sabe que esta mujer puede interpretar lo que se le ocurra, pero el hecho de que cante al nivel en que lo hace la eleva a la máxima categoría de LA actriz (como Michael Caine entre los actores). Es sin duda, "my generation's Genius”, como la llama Diane Keaton.



Así que, para los fanáticos de la comedia musical o para los que no lo son, o para los que no lo eran tanto y por ciertas influencias lo empezaron a ser, Mamma Mía indiscutiblemente les brindará no sólo buena música (las letras de ABBA son bellísimas) y buenas actuaciones, sino la belleza del lugar y la convicción de que el cine va más allá de las teorías, los movimientos, las generaciones, lo estético, etc, para transportarnos y darnos una inmensa alegría espiritual, la misma que le da a estos personajes la música. Como dice Sophie (y yo lo aplico al cine):

Thank you for the music, the songs I’m singing
Thanks for all the joy they’re bringing
Who can live without it? I ask in all honesty
What would life be?
Without a song or a dance what are we?
So I say thank you for the music
For giving it to me

Gracias por la música, por las canciones que estoy cantando
Gracias por toda la alegría que brindan
¿Quien podría vivir sin ella? pregunto con toda honestidad
¿Cómo sería la vida?
Sin canciones, sin bailes, ¿que somos?
Así que digo, gracias por la música
Por entregármela a mí

Gracias por el cine, por darme tantas emociones… ¿quién podría vivir sin él?

GGss